En la historia del teatro existe una convención en la que se establece el origen del teatro en la ya famosa antigua Grecia. Y si, es cierto, es allí donde se formalizó el teatro como arte escénico, pero cuando uno quiere estudiar el teatro en su mas pura esencia, debe remontarse miles de años atrás.
La raiz de la acción teatral es mucho mas extensa y compleja, un entrelazado de culturas ancestrales, utilizaban ya algunas herramientas teatrales con fines altamente eficientes. Aunque no buscaban una experiencia estetica como podriamos encontrar ahora en muchas piezas teatrales en la era moderna, nuestros antepasados usaban los elementos que compenen el teatro en su busqueda espiritual.
En aquellos tiempos no le llamaban teatro, se llamaba rito, un acto sagrado que se asentaba como una necesidad humana con la que convivir entre tantas preguntas a su mera existencia. Ellos no hacian teatro, vivian el teatro igual que comian o dormian, no se preguntaban si era moral o sustancial, era parte de su dia a dia.
Es por eso que cuando se estudia la historia del teatro, hay una tendencia a centralizarlo en un campo occidental bastante reducido. En la historia occidental contemporania, fue Antónin Artaud quien redescubrió y trajo a Europa un teatro que no se habia tenido en cuenta durante años.
Esta nueva lectura teorica y práctica de un teatro fundamental, generó un gran cambio para los actores y directores de la vanguardia que trabajaban unicamente desde el texto. Se abrio el campo poético y vivencial de la practica teatral, hacia una nueva forma de crear.
Es entonces cuando las obras se empiezan a teñir con la influencia del teatro oriental, el teatro sagrado y el butoh. Nacen figuras como Eugenio Barba o Jerzy Grotowski que cambiaran la historia del teatro para siempre, aplicando el teatro ritual, la fisica y metafísica del actor y de la escena.